San Cristobal

Fortalecimiento de capacidades productivas en el Chaco Salteño

En Argentina, las provincias del norte representan una de las regiones mayormente afectadas por la pobreza. Esto involucra muy especialmente a los hogares indígenas, quienes tienen, al menos, una necesidad básica insatisfecha (NBI) en más de la mitad de los hogares censados. En Salta, por ejemplo, los hogares con NBI llegan al 81,3% y la desnutrición infantil alcanza al 65% de la población. En particular, en el municipio Rivadavia Sur, que alberga a más de 14.000 residentes de comunidades wichí y criolla, nos encontramos con uno de los ámbitos más vulnerables del país debido a las dificultades que tienen sus habitantes para desarrollar sus capacidades productivas en un territorio fuertemente impactado por los efectos del cambio climático. La capacidad de generar ingresos se ve profundamente afectada debido a las inclemencias del terreno, la desertificación de los suelos, los períodos de sequía prolongados, el aumento progresivo de la ya elevada temperatura y la falta de inversión en infraestructura que acompañe la mitigación y adaptación al cambio climático. En este contexto se vuelve desafiante encaminar proyectos que potencien el desarrollo sostenible de la comunidad y su integración con mercados regionales.

El Grupo San Cristóbal llegó a conocer esta situación a partir del concurso Los hacedores por la comunidad, convocatoria de proyectos sociales en el que participan los colaboradores de la compañía.

Y ese es el origen del proyecto Fortalecimiento de las capacidades de pequeños productores que tiene como objetivo general propiciar la autonomía económica productiva de la localidad de Rivadavia Sur a través del fortalecimiento de las capacidades técnicas y de la incorporación de nuevas herramientas y tecnologías agroecológicas.

El proyecto busca de esta manera que la comunidad, que se caracteriza por poseer una historia en común, una cultura arraigada y formas de organización propias, pueda desarrollar unidades productivas que le permitan sostenerse y continuar tendiendo redes para su desarrollo económico, ambiental y social.

Entre las primeras acciones impulsadas por el programa se destacan la construcción de dos cisternas de placa con una capacidad de 16.000 litros de agua que responde al doble propósito de riego de las unidades productivas hortícolas y de consumo familiar; y la aplicación de una metodología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria para la autoconstrucción guiada que puede ser replicada por los productores en sus unidades productivas. También se adecuó la propiedad que funcionaría como oficina administrativa del proyecto y la primera planta experimental de secado de verduras y frutos nativos.

Las acciones fueron posibles producto del esfuerzo en conjunto de una mesa de trabajo conformada por actores como la municipalidad de Rivadavia Banda Sur, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Secretaría de Empleo y Trabajo de la Nación (SEyT), la Universidad Católica de Salta (UCASAL), La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de La Nación, y el Foro del Gran Chaco Americano, el Ministerio de Asuntos Indígenas y Ministerio de la Primera Infancia, entre otros. La construcción de redes colaborativas y alianzas estratégicas le brindó al proyecto la posibilidad de sostenerse en el tiempo.

Para acercar las necesidades y traducir a un idioma común las contribuciones de los distintos actores se decidió enmarcar el proyecto dentro de la Agenda 2030 de Naciones Unidas y trabajar en clave de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esto posibilitó pensar de manera integrada las contribuciones de cada uno de los actores de la mesa y orientar las distintas tareas hacia el desarrollo sostenible de la localidad.

Otro de los ejes fundamentales para la sustentabilidad del proyecto fue el involucramiento de la comunidad en las distintas etapas. Tal es así, que la construcción de las cisternas fue realizada por los propios habitantes de los barrios de Asunción y El Carpintero, quienes recibieron toda la información necesaria para poder replicar este modelo en sus unidades productivas y con sus familias.

También para la adecuación edilicia de las oficinas administrativas y la construcción de la planta experimental de secado y deshidratado, el proyecto apostó por contratar la mano de obra y comprar material a nivel local a fin de continuar fomentando el desarrollo y productividad del municipio. Además, durante esta etapa voluntarios de la comunidad participaron como “gestores territoriales” llevando un control diario de los materiales y de los avances de las obras, y reportando a los coordinadores correspondientes.

El principal eje del proyecto fue contribuir a la autonomía de la comunidad a partir de las capacidades que posee y acompañarla para poder apalancar el desarrollo sostenible de la región.

El punto diferencial está dado por el conocimiento que todos los actores involucrados ponen a disposición del proyecto a fin de alcanzar la mejor tecnología disponible puesta al servicio de las capacidades comunitarias.

Dada la convicción de este proyecto, la localidad de Rivadavia Sur puede permitirse alcanzar un desarrollo sostenible escalable y mejorar la calidad vida de sus productores y sus familias, generando experiencias transformadoras que permiten cambiar la realidad de la nación.