Desarrollo de casos

Casos participantes en los premios 2017

Embotelladora del atlántico: Apadrinamiento de cooperativas

La contaminación ambiental es un problema que tiene en vilo al mundo entero y la Argentina no es la excepción. A nivel nacional, existe un diagnóstico crítico, basado en un incremento en la generación de residuos sólidos urbanos que, según la proyección presentada por la Engirsu (Estrategia Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos), pasará de 3.780 a 4.383 toneladas diarias para 2020.

En Coca-Cola Andina Argentina se trata a los materiales como un recurso valioso y no como un residuo, por eso se los recupera y reutiliza en su isla ecológica, siendo la temática de los residuos uno de sus grandes pilares de trabajo. Preocupados por esto es que se comenzó a pensar en cómo elaborar un proyecto que englobe todos los aspectos importantes en un circuito cerrado y que sea de interés no sólo puertas adentro de la compañía, sino que logre reunir e involucrar a otros actores externos.

La acción que se presentó es el plan de recupero de PET a partir del apadrinamiento de la Cooperativa de Carreros de Villa Urquiza, en la provincia de Córdoba. El principal objetivo de esta campaña es el de lograr un cambio integral afectando a diferentes niveles: social, laboral, comunitario, ambiental y sanitario, y cultural.

Esta propuesta, autorizada e implementada coordinadamente con el municipio, se enmarca en el programa municipal Recuperando valor, orientado a la valorización de residuos de fracción seca en la Ciudad de Córdoba. La iniciativa consiste en la recuperación de envases de PET y la estrategia se organizó a través de la instalación de una red de puntos de colecta en diferentes superficies de emprendimientos privados de gran concurrencia, en la zona cercana al barrio Villa Urquiza.

De cada uno de esos Ecopuntos, en los que los vecinos de forma voluntaria colocan los envases, los integrantes de la Cooperativa Los Carreros se ocupan de la logística de recolección, acondicionamiento y enfardado para su venta, y posterior reciclado. Por medio de su incorporación a este sistema, la cooperativa y sus beneficiarios mejoran sus condiciones laborales, el desarrollo de sus capacidades técnicas y la búsqueda de la autogestión como parte del fortalecimiento institucional.

“Las expectativas siempre fueron dentro de una realidad razonable, un proyecto que se diagnosticó como posible y viable. Sin embargo, durante la implementación fueron surgiendo algunos imprevistos y fuimos aprendiendo paso a paso a resolverlos”, explicaron desde la compañía. Y agregaron: “Nos encontramos con una cooperativa con muchas ganas de trabajar, pero con una logística ineficiente, una gestión de venta básica. No se analizaba ni la logística ni el tiempo de recolección, ni los traslados, ni los gastos, ni se llevaba el registro de las métricas de la recolección. Pero lo revertimos con diferentes acciones, para el óptimo funcionamiento del programa y su rentabilidad”.

La evaluación de este programa resultó favorable, porque el circuito implementado cierra y vuelve a comenzar. Las métricas de recolección han ido avanzando obteniendo mayores beneficios para la cooperativa y demostrando que se produjo una toma de conciencia dentro de la comunidad.

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